martes, 31 de julio de 2007

RÍO

Hoy ha pasado un año y todavía me acuerdo de aquella mañana fría

en la se podía oler el aire fresco de las montañas y ver caídas

algunas hojas sobre el suelo mojado o más bien húmedo por la

helada del día anterior.

Como todos los días, después de desayunar y mirarme en el espejo que

encontramos a la orilla del río, ¿te acuerdas? ese que partimos en

dos! , salí hasta tu casa con el vestido verde de flores y las botas

negras, y aunque sentía el frío de los primeros días de otoño que

anticipaban un invierno muy duro fui corriendo hasta tu casa porque

una voz en mi interior me decía que no podía detenerme.

Cuando llegué a tu casa mi mirada se heló, y allí parada en el final del

camino vi como te sacaban en una cajita de madera blanca, y aunque el

viento cada vez era más fuerte yo no sentía nada, o tal vez sentía las

ganas de meterme contigo en esa cajita porque habíamos echo una

promesa de estar siempre juntos , ¿te acuerdas?.

Corrí hasta ti gritando tu nombre, y pude ver tu cara morena, con tu pelo

negro y lacio por una ventana del ataúd que solo mostraba tu rostro.

Miraba tu rostro y recordaba mi vida junto a ti, recordaba las noches

sentados junto al río , en invierno tapados con una manta, en verano

disfrutando del buen tiempo, mirando las estrellas y pidiendo deseos a

cada estrella fugaz que veíamos correr por el cielo, al que yo tanto

amaba pero ahora ya no, porque tú estás en él, deseos que los dos

sabíamos que eran irrealizables. Fumábamos los cigarrillos de tu padre ,

te abrazaba pero tú aún me abrazabas más fuerte, decías que era tu mejor

amiga y que pasarías el resto de tu vida conmigo, yo te besaba la cara y

comparabas mis besos con los de tu madre, y entre besos y risas te quedabas

dormido, entonces te besaba en los labios porque te amaba y nunca te lo dije.

Sin ti este año me he sentido sola, vacía , no comía y a penas dormía y cuando

lo hacía soñaba con ese día tan triste en el que te marchaste para siempre sin

decirme adiós. Una tarde veraniega, sentada junto al río, disfrutando de la

tranquilidad y la serenidad de nuestro pueblo, mis lágrimas se mezclaron con

el agua, mi cuerpo se deshacía en pedazos, mi alma huía entre los árboles

riéndose de mi risa, y allí decidí comenzar una nueva vida sin ti, decidí

apartarte a un lado de mi cerebro, decidí huir del pueblo que me había visto

crecer.

Hoy como te escribo querido amigo estoy en una ciudad de esas que

tu tanto odiabas, echada en la cama de este piso tan pequeño como

acogedor, intentando iniciar una nueva vida sin ti, la lluvia golpea mis

cristales ( el silencio suena por toda la habitación, Marta empieza a

llorar, no puede reír, solo piensa en el dolor de saber que nunca más

va a volver a ver su amor, piensa en la muerte, en estar junto a él y la

sangre de sus venas se derrama, el silencio deja de hablar, los lloros de

Marta cada vez son más suaves y Marta yace en el suelo con una

sonrisa en los labios).